La Agrupación
Nuevo Boca, acostumbrada a realizar viajes en micro al
interior y exterior del país, tenía una misión
de suma importancia: organizar un ómnibus hacia San Pablo,
Brasil donde Boca iba a jugar la final de la Copa Libertadores
de América. Nunca antes se había efectuado un recorrido
de semejante magnitud ( los más largos habían sido
a Paraguay y a Chile), eran casi ¡¡¡40 horas!!!

En la semana previa al encuentro en el país vecino, centenares
de personas se desesperaban por un lugar dentro del micro. Lo
llamativo fue que, “antes” de que se conozca el resultado
de la primera final disputada en la “Bombonera”, ya
se había completado un
ómnibus con 50 hinchas. Era tanta la desesperación
de la gente, que se podían haber llenado, tranquilamente,
dos colectivos más. Por una cuestión de responsabilidad
y organización se decidió sacar solamente uno. La
otra posibilidad para ir a ver la final, era subirse a uno de
los cuatro aviones que también había organizado
Agrupación Nuevo Boca, y que, como no
podía ser de otra manera, se colmaron rápidamente.
Por estos y otros tantos motivos, este no iba a ser un viaje más,
iba a ser “El Viaje”.
Estaban todos los pasajeros-hinchas convocados para las 23 hs
del lunes 30. A las 22.30hs. la mayoría ya habían
llegado al punto de encuentro que, como de costumbre, fue el playón
de la “Bombonera”. La ansiedad era enorme, ya todos
querían estar arriba del micro y partir de una vez por
todas. El deseo se cumplió a la 1.00hs, cuando el ómnibus
semi-cama de Flecha Bus puso primera y emprendió el tan
esperado viaje. Previamente hubo que corroborar que todos hayan
traído sus respectivos documentos y los permisos para salir
del país, para los menores de edad.
El micro no llegó a hacer una cuadra, que ya los primeros
cantos empezaron a retumbar de una forma conmovedora. El principal
hit era: “ ....vamo’ a traer la copa a la Argentina,
la copa que perdieron las gallinas.....”. Los gritos parecían
que nunca iban a cesar, era una canción tras otra.
La primer parada se produjo en Concordia, donde subieron dos nuevos
choferes, en reemplazo de los que habían partido de Buenos
Aires. De este cambio pocos se enteraron, ya que de tantos saltos
y cantos muchos quedaron agotados, y ni bien cerraron los ojos,
se durmieron.
El próximo “parate” se produjo recién
en la frontera con Brasil a las 10 hs. Fue la parte más
pesada de todo el trayecto, ya que se tardó tres horas
y media para cruzar al país vecino, debido a “tramites
burocráticos”.
Una vez finalizados todos los “papeleríos”
se emprendió el viaje nuevamente, pero a los pocos kilómetros
se produce una parada sorpresiva. Los conductores del micro se
tomaron un “descanso” para comer. En ese momento todos
se preguntaron: “en ¡tres horas y media! que estuvimos
en la frontera, ¿no tuvieron tiempo para alimentarse?”
Una vez que los choferes lograron “llenar su estómago”
la idea era tratar de parar lo menos posible, para llegar con
un margen razonable a San Pablo. Por este motivo, el micro continuó
su marcha por espacio de casi 11 horas. Recién se detuvo
para cenar a las 00.15 (del miércoles) A la gran mayoría
no le gustaba mucho la comida brasileña, por eso se podía
observar como demoraban a la hora de elegir el menú. Cuando
ya casi era la 1.30hs, todo el mundo estaba listo para continuar.
Ya había pasado un día de viaje y de ahora en más
comenzaba la cuenta regresiva. Nuevamente los cantos se adueñaron
del micro y el objetivo era que nadie duerma. En ese momento empezó
el duelo de hinchadas entre los 40 pasajeros que se encontraban
en la parte superior del micro, contra los 10 que estaban ubicados
en la parte inferior. “Los de abajo”, a pesar de la
inferioridad numérica, humillaron a “los de arriba”,
gracias al ingenio en sus canciones y a los gritos ensordecedores
que por momentos llegaron a intimidar a sus rivales, a tal punto
de dejarlos mudos.
A las 8.45hs se produce, en Curitiba, ¡la última
parada! A esa altura, la adrenalina era enorme. Los brasileños
que se encontraba allí no entendían tanta euforia
y miraban con asombro el fervor de los simpatizantes xeneizes.
Una vez finalizado el desayuno, que duró casi una hora,
el objetivo era llegar, sin escala, al Novohotel (donde estaba
hospedado todo el plantel de Boca).
Las últimas horas fueron a puro canto, aproximadamente
a las 14hs el micro estaba tocando suelo paulista. Eran gritos
y más gritos. De a poco se empezaban a divisar algunas
camisetas del Santos y con ellas los primeros insultos de ambas
partes. El ómnibus era un desborde de alegría, después
de un día y medio de viaje, ¡se había llegado
a San Pablo!
El problema ahora era saber como llegar al hotel donde estaban
los jugadores. No hubo mejor idea que pedirle a un taxista que
nos lleve a destino. El “tachero” (seguro que hincha
del Santos) nos hizo pasar por las puertas del Morumbí
(estadio donde se iba a jugar la final) A pesar de que faltaban
varias horas para el inicio del partido, muchos brasileños
ya se encontraban en las inmediaciones de la cancha. Fueron minutos
de incertidumbre, los insultos que recibíamos eran constantes.
El clima parecía empeorarse segundo tras segundo, cuanto
más se gritaba en el micro, más furiosos se ponían
los hinchas brasileños. La odisea duró unos minutos,
pero pareció una eternidad. Luego de “zafar”
de esa situación, se llegó al Novohotel, donde ya
se encontraban una gran cantidad de hinchas de Boca.
Después de varias horas de espera, la idea era partir cuanto
antes. La policía brasileña informó que se
debía aguardar a que primero partieran los micros que llevaban
a los jugadores y a los directivos del club, para luego emprender
el viaje hacía el Morumbí.
Suponiendo que iba a ver complicaciones, se decidió unirse
a los ómnibus del plantel y de los dirigentes, quienes
llevaban una custodia especial. A mitad de camino, una motocicleta
policial se interceptó en el camino y nos separó
del resto de los micros, dejándonos “solos”
en medio de una multitud de hinchas de Santos que se mostraba
desafiante hacia nosotros. Fue uno de los momentos más
complicados de todo el viaje: estábamos ¡perdidos
en medio de San Pablo!
Nos encontrábamos rodeados por infinidad de hinchas locales
que iban en autos, colectivos, camiones, caminando, etc, y que
parecían dispuestos a cualquier cosa. Los nervios se apoderaron
de todo el micro, era casi imposible mantener la calma. Lo único
que se podía hacer, era cerrar todas las ventanillas y
cortinas, tapar todo lo que sea argentino, no cantar, apagar las
luces y rezar. A medida que nos acercábamos al estadio,
peor era el ambiente para nosotros.
Cuando la resignación se apoderaba de todos, pudimos divisar,
en la vereda de enfrente, ¡un móvil policial! Luego
de hablar con los uniformados y de varios minutos de hermetismo,
se decidió regresar al punto de partida (Novohotel) donde
se encontraban el resto de los micros que trasportaban hinchas
xeneizes. La vuelta también resultó complicada,
nadie estaba completamente seguro si el camino por el que íbamos
era el correcto. Por suerte, se pudo llegar a destino sin más
problemas, ahora había que esperar que la policía
dé la orden de partida hacia el Morumbí.
En un principio se iba a salir a las 19.30hs ( el partido comenzaba
a las 21.40hs.).
Los
minutos pasaban y los más de 20 micros que esperaban ansiosos
la partida hacia el estadio, no se movían. Comenzaron a
aparecer las primeras caras de preocupación y reproches
contra los uniformados. A medida que la aguja del reloj pasaba,
el clima era cada vez más tenso. La policía se vio
totalmente desbordada y no sabía como controlar a la impresionante
cantidad de hinchas xeneizes que cada vez estaba más impaciente.
Las explicaciones que daban eran insuficientes y en cualquier
momento podía ocurrir algo grave. Por eso, pasadas las
20hs, decidieron comenzar a trasladar a los micros, lo que calmó
un poco las aguas. Sin embrago, el trayecto era a paso de hombre
y todo parecía muy raro. A pesar de la custodia, algunos
ómnibus sufrieron roturas de vidrios, productos de piedrazos
arrojados por hinchas del Santos y como consecuencia de ello hubo
algunos heridos, que poco le importaron a los policías
encargados del operativo “anti-argentino”.
En medio del trayecto, los uniformados hacen detener sorpresivamente
la caravana. El objetivo que tenían era claro: tratar de
lograr que los más de 20 micros no lleguen a la cancha,
ya que la tribuna de Boca estaba totalmente colmada. Como eso
se notaba que iba a ser imposible, la idea era hacerlos llegar
lo más tarde posible al estadio, para cruzarse con la menor
cantidad de hinchas santistas posibles.
La gente de Boca notaba la mala predisposición policial
y la gran mayoría decidió continuar el trayecto
a pie, sin importar que faltaban más de 60 cuadras y corriendo
el riesgo de un enfrentamiento seguro con los simpatizantes del
Santos. La policía no lo permitió y reprimió
esta acción con gases, palazos y balas de goma.
Luego de la brutal agresión de la gente encargada de “mantener
el orden” no quedó otra opción que continuar
con el viaje porque, de lo contrario, en cualquier momento podía
ocurrir una tragedia, ya que la paciencia de los hinchas ya se
había agotado.
A pocas cuadras del estadio, se produce ¡una nueva parada!
Enseguida, comenzaron a escucharse los fuegos artificiales que
indicaban la salida de los equipos. El panorama era caótico:
policías inoperantes; hinchas de Boca furiosos por el trato
recibido; desesperados porque en segundos comenzaba el encuentro,
y en medio de todo eso, también había que aguantar
a los hinchas del Santos que desfilaban por ambos laterales de
los micros.
Cuando la gente xeneize estaba decidida a irse a pie, pase lo
que pase, soportando lo que venga, entonces se decidió
continuar con la marcha de los micros hasta la puerta del Morumbí.
Si llegar al estadio fue una odisea, ingresar a la tribuna fue
peor. Había cerca de mil personas que, sabiendo que el
partido ya se estaba jugando, se desesperaba por entrar lo antes
posible. El problema era que sólo se podía pasar
¡de a uno!, ya que estaba habilitado un pequeño costadito
del portón principal. Conclusión: empujones, más
agresión policial (sin importar sexo ni edad), gritos,
desmayos, caos y más caos. En medio de todo este lío,
en el que casi todos se perdieron el primer gol de Boca, el único
directivo importante xeneize que dio la cara y que trató
de frenar la represión policial fue Roberto
Digón, el resto estaría tranquilo viendo
el partido. 
Una vez que todos pudieron ingresar (cuando ya finalizaba el primer
tiempo) la alegría por el triunfo de Boca pudo más
que la bronca por el mal trato recibido y toda la tribuna fue
una fiesta de principio a fin. La quinta Copa Libertadores de
América, tras la victoria 3 a 1 ante el Santos, ya era
realidad. No existe palabra alguna para describir lo que fue el
festejo en tierra brasileña, sólo lo saben aquellos
que tuvieron la posibilidad de viajar hasta allá.
Después de los festejos post partido, aproximadamente a
las 2hs, el viaje de vuelta ya estaba en marcha, quedaban casi
40 horas hasta llegar a Buenos Aires, de puro festejo.
Una vez todos arriba del micro, el grito de ¡PENTACAMPEON!
retumbó en todo Brasil. El orgullo de ser de Boca se notaba
en las caras de felicidad de todos aquellos que quedaron afónicos
alentando al equipo. Atrás habían quedado las 40
horas del viaje de ida; el maltrato policial antes y durante el
partido; las agresiones de los hinchas brasileños; etc.
Ahora era toda alegría, quién podía frenar
tanta emoción y locura, éramos ¡Campeones
de América! y había que festejar.
Nadie quería volver a Buenos Aires, por eso se decidió
hacer una pequeña parada en una playa ubicada en Itapema.
Cantos, chapuzones, fotos, todo servía para continuar la
fiesta.
En el viaje de vuelta predominaron los campeonatos de truco. La
dupla más afortunada fue la de Goluza-Benduza que llegó
a ganar 14 partidos consecutivos.
La ruta por el hermoso paisaje brasileño de a poco iba
quedando atrás. A las 7hs (del viernes) se llegó
a la frontera. Esta vez la demora fue de una hora y media. Ya
en tierra Argentina, la ansiedad por llegar y por revivir la fiesta,
ya sea por televisión o por los diarios, era cada vez más
grande.
Faltaba el último tramo, los cuatro días que había
durado el viaje se estaban terminando. Por suerte, todos aquellos
que tuvieron que solicitar días en el trabajo; los que
debieron presentar parte de enfermo “ficticio”; los
que pidieron plata prestada; los que faltaron al colegio; etc,
volvían con una sonrisa en la cara, nadie se arrepintió
de este viaje, es más todos coincidieron, en que lo volverían
a hacer.
Casi a las 19.30hs el viaje había terminado, por eso, los
gritos se escuchaban más que nunca, los saltos no cesaban,
las palmas tampoco, las remeras se revoleaban de un lado para
el otro, empujones, besos, abrazos, todo dentro del micro, un
micro que a esa altura parecía la popular de la “Bombonera”
donde va la “ Nº 12”, es que éramos ni
más ni menos, los “PENTACAMPEONES DE AMÉRICA”.
A continuación se darán
los nombres de los 50 aventureros que estuvieron casi 80 horas
arriba de un micro, simplemente para alentar a Boca 90 minutos, eso es
lo que se llama: ¡Amor por a la camiseta!
| 1-
ADRIAN DESIA |
26-
LUIS IBAÑEZ |
| 2-
IVAN
ARGOMEDO |
27-
GABRIEL AIELLO |
| 3-
ARIEL
LLORT |
28-
MARCELO GARCES |
| 4-
CARLOS
GONZALEZ |
29-
MARTÍN MORIZZO |
| 5-
CLAUDIO
ZARATE |
30-
MAXIMILIANO ARCIDIACONO |
| 6-
DAMIÁN
ZARATE |
31-
JOSE DI PIETRO |
| 7-
DANIELA
GIUSTI |
32-
MONICA QUIROGA |
| 8-
DIEGO
BALSANO |
33-
NATALIA AGUILERA |
| 9-
EDUARDO
ZUNINI |
34-
NICOLAS ALCAR |
| 10- EMANUEL SCARANO |
35- NORMA TORCHIO |
| 11- EZEQUIEL PIOMBINO |
36- OSCAR GARCES |
| 12- FEDERICO BENDUZA |
37- PABLO LOPEZ GRILLO |
| 13- FEDERICO NALLAR |
38- PABLO LUDUEÑA |
| 14- FERNANDO MORODO |
39- JUAN PERALTA |
| 15- FERNANDO PRESTAMO |
40- DIEGO PELUSO |
| 16- GABRIEL ORTEGA |
41- ROBERTO TRANFO |
| 17- GABRIEL TRANFO |
42- SANTIAGO VELEZ |
| 18- GUILLERMO PUGLIANI |
43- SERGIO BUSTOS |
| 19- HERNAN AGOSTINI |
44- SERGIO DIAZ |
| 20- HERNAN LOJO |
45- MARTÍN FERRANDIS |
| 21- JAVIER GOLUZA |
46- SILVIO DI LEVA |
| 22- JAVIER LEIVA |
47- VICTORIA LLOBER |
| 23- JUAN PABLO COMEGLIO |
48- WALTER EPALZA |
| 24- JUAN PABLO ROIZEMBLAT |
49- WALTER SICILIANO |
| 25-
LEANDRO CRUZ |
50- ADRIAN RUFINO |
¡¡¡FELICITACIONES A TODOS, EL PENTACAMPEONATO,
TAMBIÉN ES DE USTEDES!!!
FEDERICO BENDUZA