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| República de La Boca. Ciudad de Buenos Aires. Argentina.
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Copa Libertadores | Julio 2003

La Agrupación Nuevo Boca, acostumbrada a realizar viajes en micro al interior y exterior del país, tenía una misión de suma importancia: organizar un ómnibus hacia San Pablo, Brasil donde Boca iba a jugar la final de la Copa Libertadores de América. Nunca antes se había efectuado un recorrido de semejante magnitud ( los más largos habían sido a Paraguay y a Chile), eran casi ¡¡¡40 horas!!! Alentar a Boca donde sea
En la semana previa al encuentro en el país vecino, centenares de personas se desesperaban por un lugar dentro del micro. Lo llamativo fue que, “antes” de que se conozca el resultado de la primera final disputada en la “Bombonera”, ya se había completado un ómnibus con 50 hinchas. Era tanta la desesperación de la gente, que se podían haber llenado, tranquilamente, dos colectivos más. Por una cuestión de responsabilidad y organización se decidió sacar solamente uno. La otra posibilidad para ir a ver la final, era subirse a uno de los cuatro aviones que también había organizado Agrupación Nuevo Boca, y que, como no podía ser de otra manera, se colmaron rápidamente. Por estos y otros tantos motivos, este no iba a ser un viaje más, iba a ser “El Viaje”.
Estaban todos los pasajeros-hinchas convocados para las 23 hs del lunes 30. A las 22.30hs. la mayoría ya habían llegado al punto de encuentro que, como de costumbre, fue el playón de la “Bombonera”. La ansiedad era enorme, ya todos querían estar arriba del micro y partir de una vez por todas. El deseo se cumplió a la 1.00hs, cuando el ómnibus semi-cama de Flecha Bus puso primera y emprendió el tan esperado viaje. Previamente hubo que corroborar que todos hayan traído sus respectivos documentos y los permisos para salir del país, para los menores de edad.
El micro no llegó a hacer una cuadra, que ya los primeros cantos empezaron a retumbar de una forma conmovedora. El principal hit era: “ ....vamo’ a traer la copa a la Argentina, la copa que perdieron las gallinas.....”. Los gritos parecían que nunca iban a cesar, era una canción tras otra.
La primer parada se produjo en Concordia, donde subieron dos nuevos choferes, en reemplazo de los que habían partido de Buenos Aires. De este cambio pocos se enteraron, ya que de tantos saltos y cantos muchos quedaron agotados, y ni bien cerraron los ojos, se durmieron.
El próximo “parate” se produjo recién en la frontera con Brasil a las 10 hs. Fue la parte más pesada de todo el trayecto, ya que se tardó tres horas y media para cruzar al país vecino, debido a “tramites burocráticos”.
Una vez finalizados todos los “papeleríos” se emprendió el viaje nuevamente, pero a los pocos kilómetros se produce una parada sorpresiva. Los conductores del micro se tomaron un “descanso” para comer. En ese momento todos se preguntaron: “en ¡tres horas y media! que estuvimos en la frontera, ¿no tuvieron tiempo para alimentarse?”
Una vez que los choferes lograron “llenar su estómago” la idea era tratar de parar lo menos posible, para llegar con un margen razonable a San Pablo. Por este motivo, el micro continuó su marcha por espacio de casi 11 horas. Recién se detuvo para cenar a las 00.15 (del miércoles) A la gran mayoría no le gustaba mucho la comida brasileña, por eso se podía observar como demoraban a la hora de elegir el menú. Cuando ya casi era la 1.30hs, todo el mundo estaba listo para continuar.
Ya había pasado un día de viaje y de ahora en más comenzaba la cuenta regresiva. Nuevamente los cantos se adueñaron del micro y el objetivo era que nadie duerma. En ese momento empezó el duelo de hinchadas entre los 40 pasajeros que se encontraban en la parte superior del micro, contra los 10 que estaban ubicados en la parte inferior. “Los de abajo”, a pesar de la inferioridad numérica, humillaron a “los de arriba”, gracias al ingenio en sus canciones y a los gritos ensordecedores que por momentos llegaron a intimidar a sus rivales, a tal punto de dejarlos mudos.
A las 8.45hs se produce, en Curitiba, ¡la última parada! A esa altura, la adrenalina era enorme. Los brasileños que se encontraba allí no entendían tanta euforia y miraban con asombro el fervor de los simpatizantes xeneizes. Una vez finalizado el desayuno, que duró casi una hora, el objetivo era llegar, sin escala, al Novohotel (donde estaba hospedado todo el plantel de Boca).
Las últimas horas fueron a puro canto, aproximadamente a las 14hs el micro estaba tocando suelo paulista. Eran gritos y más gritos. De a poco se empezaban a divisar algunas camisetas del Santos y con ellas los primeros insultos de ambas partes. El ómnibus era un desborde de alegría, después de un día y medio de viaje, ¡se había llegado a San Pablo!
El problema ahora era saber como llegar al hotel donde estaban los jugadores. No hubo mejor idea que pedirle a un taxista que nos lleve a destino. El “tachero” (seguro que hincha del Santos) nos hizo pasar por las puertas del Morumbí (estadio donde se iba a jugar la final) A pesar de que faltaban varias horas para el inicio del partido, muchos brasileños ya se encontraban en las inmediaciones de la cancha. Fueron minutos de incertidumbre, los insultos que recibíamos eran constantes. El clima parecía empeorarse segundo tras segundo, cuanto más se gritaba en el micro, más furiosos se ponían los hinchas brasileños. La odisea duró unos minutos, pero pareció una eternidad. Luego de “zafar” de esa situación, se llegó al Novohotel, donde ya se encontraban una gran cantidad de hinchas de Boca.
Después de varias horas de espera, la idea era partir cuanto antes. La policía brasileña informó que se debía aguardar a que primero partieran los micros que llevaban a los jugadores y a los directivos del club, para luego emprender el viaje hacía el Morumbí.
Suponiendo que iba a ver complicaciones, se decidió unirse a los ómnibus del plantel y de los dirigentes, quienes llevaban una custodia especial. A mitad de camino, una motocicleta policial se interceptó en el camino y nos separó del resto de los micros, dejándonos “solos” en medio de una multitud de hinchas de Santos que se mostraba desafiante hacia nosotros. Fue uno de los momentos más complicados de todo el viaje: estábamos ¡perdidos en medio de San Pablo!
Nos encontrábamos rodeados por infinidad de hinchas locales que iban en autos, colectivos, camiones, caminando, etc, y que parecían dispuestos a cualquier cosa. Los nervios se apoderaron de todo el micro, era casi imposible mantener la calma. Lo único que se podía hacer, era cerrar todas las ventanillas y cortinas, tapar todo lo que sea argentino, no cantar, apagar las luces y rezar. A medida que nos acercábamos al estadio, peor era el ambiente para nosotros.
Cuando la resignación se apoderaba de todos, pudimos divisar, en la vereda de enfrente, ¡un móvil policial! Luego de hablar con los uniformados y de varios minutos de hermetismo, se decidió regresar al punto de partida (Novohotel) donde se encontraban el resto de los micros que trasportaban hinchas xeneizes. La vuelta también resultó complicada, nadie estaba completamente seguro si el camino por el que íbamos era el correcto. Por suerte, se pudo llegar a destino sin más problemas, ahora había que esperar que la policía dé la orden de partida hacia el Morumbí.
En un principio se iba a salir a las 19.30hs ( el partido comenzaba a las 21.40hs.). Los minutos pasaban y los más de 20 micros que esperaban ansiosos la partida hacia el estadio, no se movían. Comenzaron a aparecer las primeras caras de preocupación y reproches contra los uniformados. A medida que la aguja del reloj pasaba, el clima era cada vez más tenso. La policía se vio totalmente desbordada y no sabía como controlar a la impresionante cantidad de hinchas xeneizes que cada vez estaba más impaciente. Las explicaciones que daban eran insuficientes y en cualquier momento podía ocurrir algo grave. Por eso, pasadas las 20hs, decidieron comenzar a trasladar a los micros, lo que calmó un poco las aguas. Sin embrago, el trayecto era a paso de hombre y todo parecía muy raro. A pesar de la custodia, algunos ómnibus sufrieron roturas de vidrios, productos de piedrazos arrojados por hinchas del Santos y como consecuencia de ello hubo algunos heridos, que poco le importaron a los policías encargados del operativo “anti-argentino”.
En medio del trayecto, los uniformados hacen detener sorpresivamente la caravana. El objetivo que tenían era claro: tratar de lograr que los más de 20 micros no lleguen a la cancha, ya que la tribuna de Boca estaba totalmente colmada. Como eso se notaba que iba a ser imposible, la idea era hacerlos llegar lo más tarde posible al estadio, para cruzarse con la menor cantidad de hinchas santistas posibles.
La gente de Boca notaba la mala predisposición policial y la gran mayoría decidió continuar el trayecto a pie, sin importar que faltaban más de 60 cuadras y corriendo el riesgo de un enfrentamiento seguro con los simpatizantes del Santos. La policía no lo permitió y reprimió esta acción con gases, palazos y balas de goma.
Luego de la brutal agresión de la gente encargada de “mantener el orden” no quedó otra opción que continuar con el viaje porque, de lo contrario, en cualquier momento podía ocurrir una tragedia, ya que la paciencia de los hinchas ya se había agotado.
A pocas cuadras del estadio, se produce ¡una nueva parada! Enseguida, comenzaron a escucharse los fuegos artificiales que indicaban la salida de los equipos. El panorama era caótico: policías inoperantes; hinchas de Boca furiosos por el trato recibido; desesperados porque en segundos comenzaba el encuentro, y en medio de todo eso, también había que aguantar a los hinchas del Santos que desfilaban por ambos laterales de los micros.
Cuando la gente xeneize estaba decidida a irse a pie, pase lo que pase, soportando lo que venga, entonces se decidió continuar con la marcha de los micros hasta la puerta del Morumbí.
Si llegar al estadio fue una odisea, ingresar a la tribuna fue peor. Había cerca de mil personas que, sabiendo que el partido ya se estaba jugando, se desesperaba por entrar lo antes posible. El problema era que sólo se podía pasar ¡de a uno!, ya que estaba habilitado un pequeño costadito del portón principal. Conclusión: empujones, más agresión policial (sin importar sexo ni edad), gritos, desmayos, caos y más caos. En medio de todo este lío, en el que casi todos se perdieron el primer gol de Boca, el único directivo importante xeneize que dio la cara y que trató de frenar la represión policial fue Roberto Digón, el resto estaría tranquilo viendo el partido.
Una vez que todos pudieron ingresar (cuando ya finalizaba el primer tiempo) la alegría por el triunfo de Boca pudo más que la bronca por el mal trato recibido y toda la tribuna fue una fiesta de principio a fin. La quinta Copa Libertadores de América, tras la victoria 3 a 1 ante el Santos, ya era realidad. No existe palabra alguna para describir lo que fue el festejo en tierra brasileña, sólo lo saben aquellos que tuvieron la posibilidad de viajar hasta allá.
Después de los festejos post partido, aproximadamente a las 2hs, el viaje de vuelta ya estaba en marcha, quedaban casi 40 horas hasta llegar a Buenos Aires, de puro festejo.
Una vez todos arriba del micro, el grito de ¡PENTACAMPEON! retumbó en todo Brasil. El orgullo de ser de Boca se notaba en las caras de felicidad de todos aquellos que quedaron afónicos alentando al equipo. Atrás habían quedado las 40 horas del viaje de ida; el maltrato policial antes y durante el partido; las agresiones de los hinchas brasileños; etc. Ahora era toda alegría, quién podía frenar tanta emoción y locura, éramos ¡Campeones de América! y había que festejar.
Nadie quería volver a Buenos Aires, por eso se decidió hacer una pequeña parada en una playa ubicada en Itapema. Cantos, chapuzones, fotos, todo servía para continuar la fiesta.
En el viaje de vuelta predominaron los campeonatos de truco. La dupla más afortunada fue la de Goluza-Benduza que llegó a ganar 14 partidos consecutivos.
La ruta por el hermoso paisaje brasileño de a poco iba quedando atrás. A las 7hs (del viernes) se llegó a la frontera. Esta vez la demora fue de una hora y media. Ya en tierra Argentina, la ansiedad por llegar y por revivir la fiesta, ya sea por televisión o por los diarios, era cada vez más grande.
Faltaba el último tramo, los cuatro días que había durado el viaje se estaban terminando. Por suerte, todos aquellos que tuvieron que solicitar días en el trabajo; los que debieron presentar parte de enfermo “ficticio”; los que pidieron plata prestada; los que faltaron al colegio; etc, volvían con una sonrisa en la cara, nadie se arrepintió de este viaje, es más todos coincidieron, en que lo volverían a hacer.
Casi a las 19.30hs el viaje había terminado, por eso, los gritos se escuchaban más que nunca, los saltos no cesaban, las palmas tampoco, las remeras se revoleaban de un lado para el otro, empujones, besos, abrazos, todo dentro del micro, un micro que a esa altura parecía la popular de la “Bombonera” donde va la “ Nº 12”, es que éramos ni más ni menos, los “PENTACAMPEONES DE AMÉRICA”.

A continuación se darán los nombres de los 50 aventureros que estuvieron casi 80 horas arriba de un micro, simplemente para alentar a Boca 90 minutos, eso es lo que se llama: ¡Amor por a la camiseta!

1-       ADRIAN DESIA 26- LUIS IBAÑEZ
2-       IVAN ARGOMEDO 27- GABRIEL AIELLO
3-       ARIEL LLORT 28- MARCELO GARCES
4-       CARLOS GONZALEZ 29- MARTÍN MORIZZO
5-       CLAUDIO ZARATE 30- MAXIMILIANO ARCIDIACONO
6-       DAMIÁN ZARATE 31- JOSE DI PIETRO
7-       DANIELA GIUSTI  32- MONICA QUIROGA
8-       DIEGO BALSANO 33- NATALIA AGUILERA
9-       EDUARDO ZUNINI 34- NICOLAS ALCAR
10-   EMANUEL SCARANO 35- NORMA TORCHIO
11-   EZEQUIEL PIOMBINO 36- OSCAR GARCES
12-   FEDERICO BENDUZA 37- PABLO LOPEZ GRILLO
13-   FEDERICO NALLAR 38- PABLO LUDUEÑA
14-   FERNANDO MORODO 39- JUAN PERALTA
15-   FERNANDO PRESTAMO 40- DIEGO PELUSO
16-   GABRIEL ORTEGA 41- ROBERTO TRANFO
17-   GABRIEL TRANFO 42- SANTIAGO VELEZ
18-   GUILLERMO PUGLIANI 43- SERGIO BUSTOS
19-   HERNAN AGOSTINI 44- SERGIO DIAZ 
20-   HERNAN LOJO 45-  MARTÍN FERRANDIS
21-   JAVIER GOLUZA 46- SILVIO DI LEVA
22-   JAVIER LEIVA 47- VICTORIA LLOBER
23-   JUAN PABLO COMEGLIO 48- WALTER EPALZA
24-   JUAN PABLO ROIZEMBLAT 49- WALTER SICILIANO
25-   LEANDRO CRUZ 50- ADRIAN RUFINO


¡¡¡FELICITACIONES A TODOS, EL PENTACAMPEONATO,
TAMBIÉN ES DE USTEDES!!!

FEDERICO BENDUZA

 

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