¿Qué Boca juega en Córdoba?
¿Qué hay que viajar sin entradas, porque Talleres
no las mandó para Buenos Aires? ¿Qué algunos
habían llegado hacía tan sólo un día
de Colombia, porque fueron a ver la goleada del equipo de Carlos
Bianchi frente al América de Cali, por la Copa
Libertadores? ¿Qué el técnico pondrá
en la cancha a una formación “muleto”? ¿Qué
la gran mayoría no sabía si, a la vuelta, iba a
poder llegar a horario a su trabajo habitual, con todo lo que
eso significa en los tiempos que corren?
Estas, son sólo “algunas” de las cosas que
a cualquier hincha “normal” le hubiese impedido ir
a ver a su equipo preferido. Como todos saben, la gente xeneize
es diferente al resto y por eso el micro (organizado como ya es
costumbre por la Agrupación Nuevo Boca),
que iba a partir hacía la capital cordobesa, no alcanzó
y se tuvo que agregar una combi para que muchos fanáticos
puedan viajar.
Como siempre, el punto de encuentro era en la mismísima
“Bombonera”,
el horario: 12 de la noche del sábado. La expectativa era
enorme, a las 00.30hs., practicamente, ya estaban todos los pasajeros,
y pasada la 01.00 la partida ya era un hecho.
Ni bien arrancó el micro comenzaron a escucharse los primeros
cantitos, y como siempre, las
cargadas a River estuvieron presentes. Lo extraño fue
que, las mayores gastadas de este viaje no fueron para la gente
de Núñez, sino para uno de los conductores del ómnibus
apodado “Apu”. El pobre no tuvo mejor idea que llevar
a su “chica” de acompañante, la cual llamaba
demasiado la atención para algunos pasajeros “necesitados”.
Luego de varios minutos de cantitos y comentarios (algunos un
poco subidos de tono) contra el pobre chofer, el sueño
empezó a apoderarse de varios de los muchachos (para alegría
de “Apu”).
En todo el trayecto, sólo se realizaron dos cortas paradas,
con el fin de reponer algo de bebida y de alimento.
A pocos kilómetros de Córdoba, a los más
dormilones no les quedó otra que despertarse, ya que los
cantos eran cada vez más fuertes y constantes. Ni hablar
pasadas las 12 del domingo, hora en que se llegó al estadio
Chateau, los vidrios del micro parecían romperse de los
golpes que les daban los fervorosos hinchas, el ómnibus
se asemejaba mucho al “zamba” de los parques de diversiones
por la forma en que se movía, la gente que caminaba por
la calle sólo miraba asombrada ante semejante euforia desmedida.
En las casi seis horas que había que esperar para el inicio
del encuentro, y una vez que ya todos tenía su correspondiente
entrada, se trató de “matar” el tiempo de diferentes
maneras: muchos descansaban, otros comían y bebían,
algunos aprovecharon para ir al centro de la ciudad y unos pocos
ingresaron al estadio ni bien abrieron las puertas.
Del partido (derrota 3 a 1) mejor no hablar. Una vez reunidos
todos en el micro se podían observar caras de bronca, angustia
y algunos reproches. Cuando se emprendía la vuelta a casa,
bastaron sólo cinco minutos de viaje para comenzar a cantar,
de tal forma, que quien no sabía el resultado del encuentro,
pensaría que Boca había ganado o salido campeón.
El hit de inicio fue, para este caso, el infaltable...”aunque
ganes o pierdas no me importa una m.... sigo siendo bostero porque
a Boca lo quiero”. Fue el comienzo de una larga
lista de canciones que parecían no tener fin. No hubo un
sólo pasajero que no se haya sumado a semejante algarabía.
Los kilómetro pasaban y los gritos no aflojaban.
Luego de casi 3 horas de viaje, se llega a la primera y única
parada, duró cerca de 30 minutos. Los que pensaban dormir
, estaban muy equivocados, ya que comenzó una “guerra”
de cantos entre los del “fondo” y los de “adelante”
del ómnibus. La “batalla” la comenzaron ganando
los que se encontraban más atrás, luego los que
estaban en los primeros lugares equipararon los tantos y finalmente
ganaron gracias a un sin fin de canciones que dejaron mudos a
sus “rivales”. La mayoría de las “agresiones
verbales” tenían que ver con hermanas y novias de
algunos de los integrantes de ambos bandos, lo que hacían
poner cada vez más picantes y cómicas las letras
de las canciones.
Una vez finalizado el “duelo de hinchadas” tomaron
protagonismo los conductores del micro, quienes recibían
constantes cargadas. “Apu” era el blanco perfecto
para la gran mayoría. El otro sufrió varias gastadas
por los kilos de más que tenía y por la lentitud
en que manejaba ( razonable por la neblina que había).
Las últimas horas fueron de mucha tranquilidad, ya que
después de tanta adrenalina, el cansancio se apoderó
de casi todos y lo único que se escuchaban eran algunos
ronquidos. Hubo alguien que en lugar de dormir, aprovechó
para despedir “gases tóxicos” que contaminaron
el micro por un buen rato y despertó a más de uno.
El viaje (obvio, sin tomar en cuenta el resultado del partido)
había sido un éxito, por eso, a medida que cada
uno bajaba del micro no se despedía con un chau, sino con
un: “no´ vemo´ en Brasil” (próximo
destino por la
final de la Copa Libertadores).
FEDERICO BENDUZA