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Viaje a Córdoba |
Torneo Clausura 2003 | Derrota frente a Talleres de Córdoba por 1-3

¿Qué Boca juega en Córdoba? ¿Qué hay que viajar sin entradas, porque Talleres no las mandó para Buenos Aires? ¿Qué algunos habían llegado hacía tan sólo un día de Colombia, porque fueron a ver la goleada del equipo de Carlos Bianchi frente al América de Cali, por la Copa Libertadores? ¿Qué el técnico pondrá en la cancha a una formación “muleto”? ¿Qué la gran mayoría no sabía si, a la vuelta, iba a poder llegar a horario a su trabajo habitual, con todo lo que eso significa en los tiempos que corren?
Estas, son sólo “algunas” de las cosas que a cualquier hincha “normal” le hubiese impedido ir a ver a su equipo preferido. Como todos saben, la gente xeneize es diferente al resto y por eso el micro (organizado como ya es costumbre por la Agrupación Nuevo Boca), que iba a partir hacía la capital cordobesa, no alcanzó y se tuvo que agregar una combi para que muchos fanáticos puedan viajar.
Como siempre, el punto de encuentro era en la mismísima “Bombonera”, el horario: 12 de la noche del sábado. La expectativa era enorme, a las 00.30hs., practicamente, ya estaban todos los pasajeros, y pasada la 01.00 la partida ya era un hecho.
Ni bien arrancó el micro comenzaron a escucharse los primeros cantitos, y como siempre, las cargadas a River estuvieron presentes. Lo extraño fue que, las mayores gastadas de este viaje no fueron para la gente de Núñez, sino para uno de los conductores del ómnibus apodado “Apu”. El pobre no tuvo mejor idea que llevar a su “chica” de acompañante, la cual llamaba demasiado la atención para algunos pasajeros “necesitados”. Luego de varios minutos de cantitos y comentarios (algunos un poco subidos de tono) contra el pobre chofer, el sueño empezó a apoderarse de varios de los muchachos (para alegría de “Apu”).
En todo el trayecto, sólo se realizaron dos cortas paradas, con el fin de reponer algo de bebida y de alimento.
A pocos kilómetros de Córdoba, a los más dormilones no les quedó otra que despertarse, ya que los cantos eran cada vez más fuertes y constantes. Ni hablar pasadas las 12 del domingo, hora en que se llegó al estadio Chateau, los vidrios del micro parecían romperse de los golpes que les daban los fervorosos hinchas, el ómnibus se asemejaba mucho al “zamba” de los parques de diversiones por la forma en que se movía, la gente que caminaba por la calle sólo miraba asombrada ante semejante euforia desmedida.
En las casi seis horas que había que esperar para el inicio del encuentro, y una vez que ya todos tenía su correspondiente entrada, se trató de “matar” el tiempo de diferentes maneras: muchos descansaban, otros comían y bebían, algunos aprovecharon para ir al centro de la ciudad y unos pocos ingresaron al estadio ni bien abrieron las puertas.
Del partido (derrota 3 a 1) mejor no hablar. Una vez reunidos todos en el micro se podían observar caras de bronca, angustia y algunos reproches. Cuando se emprendía la vuelta a casa, bastaron sólo cinco minutos de viaje para comenzar a cantar, de tal forma, que quien no sabía el resultado del encuentro, pensaría que Boca había ganado o salido campeón. El hit de inicio fue, para este caso, el infaltable...”aunque ganes o pierdas no me importa una m.... sigo siendo bostero porque a Boca lo quiero”. Fue el comienzo de una larga lista de canciones que parecían no tener fin. No hubo un sólo pasajero que no se haya sumado a semejante algarabía. Los kilómetro pasaban y los gritos no aflojaban.
Luego de casi 3 horas de viaje, se llega a la primera y única parada, duró cerca de 30 minutos. Los que pensaban dormir , estaban muy equivocados, ya que comenzó una “guerra” de cantos entre los del “fondo” y los de “adelante” del ómnibus. La “batalla” la comenzaron ganando los que se encontraban más atrás, luego los que estaban en los primeros lugares equipararon los tantos y finalmente ganaron gracias a un sin fin de canciones que dejaron mudos a sus “rivales”. La mayoría de las “agresiones verbales” tenían que ver con hermanas y novias de algunos de los integrantes de ambos bandos, lo que hacían poner cada vez más picantes y cómicas las letras de las canciones.
Una vez finalizado el “duelo de hinchadas” tomaron protagonismo los conductores del micro, quienes recibían constantes cargadas. “Apu” era el blanco perfecto para la gran mayoría. El otro sufrió varias gastadas por los kilos de más que tenía y por la lentitud en que manejaba ( razonable por la neblina que había).
Las últimas horas fueron de mucha tranquilidad, ya que después de tanta adrenalina, el cansancio se apoderó de casi todos y lo único que se escuchaban eran algunos ronquidos. Hubo alguien que en lugar de dormir, aprovechó para despedir “gases tóxicos” que contaminaron el micro por un buen rato y despertó a más de uno.
El viaje (obvio, sin tomar en cuenta el resultado del partido) había sido un éxito, por eso, a medida que cada uno bajaba del micro no se despedía con un chau, sino con un: “no´ vemo´ en Brasil” (próximo destino por la final de la Copa Libertadores).


FEDERICO BENDUZA


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