Debido a la crisis que está atravesando el país, para
el partido frente a Olimpia en Paraguay, además de las 20 personas
que viajaron en avión, la Agrupación Nuevo Boca dispuso
de un micro para socios y simpatizantes. El costo de $ 65 (ida y vuelta)
le daría la posibilidad a muchos de realizar el viaje*.
Nada se quería dejar librado al azar. Todo se pensó minuciosamente
en la semana previa. Claro, la idea era que todos hagan lo mismo.
El micro partió del playón del estadio, frente a la puerta
18. Se dispuso como coordinadores del grupo a los Sres. Héctor
Lykiardopoulos y Diego Brancatelli. Ellos se encargaron, junto a los
choféres de realizar los trámites correspondientes en
la frontera.
Una vez en tierra paraguaya, el micro que trasladaba la gente de la
Agrupación debía dirigirse al hotel donde se hospedaban
los jugadores para retirar las entradas, pero debido a la lejanía
del mismo se decidió, tras una charla telefónica entre
Lykiardopoulos y, ante la ausencia total de dirigentes, un empleado
del Club (Gonzalo Núñez) , que las entradas sean entregadas
por el Sr. Gustavo Loustau en el propio estadio, agilizando (teóricamente)
los trámites para el ingreso del público de Boca.
Para ese entonces restaban cuatro horas y media para el inicio del juego.
El micro se encontraba demorado en la entrada a la Ciudad. El motivo,
según explicaron los efectivos encargados del operativo de seguridad,
era esperar la llegada de los micros restantes y custodiarlos hasta
el Defensores del Chaco.
Los micros se hicieron presentes cuando restaban dos horas y media para
la hora señalada. No era problema, pese a estar dos horas bajo
el sol, haber esperado a los demás simpatizantes. De todas formas,
la cancha estaba a 25 minutos
Vaya sorpresa, y bienvenidos los problemas, se llevaron, cuando una
hora después de recorrer minuciosamente la ciudad (city tour
de regalo, con piedras incluídas) los micros esquivaban la calle
que conducía al Estadio y arribaban al "Distrito Militar"
para, según intentaron explicar, preservar la integridad física
de los hinchas.
Se había dispuesto que los micros debían estacionar dentro
del mismo (una especie de Campo de Mayo) y aguardar la llegada de colectivos
policiales para realizar el "trasbordo", cuestión que
aseguraban tardaría algunos minutos nada mas.
El reloj indicaba que en menos de una hora y media, daría comienzo
el cotejo. Mientras tanto, los que habíamos viajado en avión
junto a otros particulares, llegabamos al estadio en un micro con patente
paraguaya, que la empresa Godoy había designado a tal fin. Luego
de sufrir 200 metros al caminar por las afueras del estadio, sin ningún
cordón policial que nos protegiera, como la lógica indicaría,
sólo algunos afortunados pudieron ingresar. El resto debimos
permanecer afuera, soportando las corridas de la policía con
la parcialidad local, los insultos, las provocaciones y demás
situaciones que, quienes prefieren aprovechar del arte culinario local
en la parte VIP del estadio, a ingresar por la puerta inicialmente asignada,
jamás lograrán entender.
Entre tanto descontrol, se hizo presente en el lugar, el Sr. Lykiardopoulos
solicitando que algún directivo se acerque hasta el lugar donde
se encontraba demorada la gente y poder definitivamente hacerla llegar
al estadio. Por su parte la policía, bochornosamente seguía
pidiendo calma y tiempo repitiendo constantemente: "tranquilos.
No se puede llegar porque hay mucha gente afuera enfurecida por querer
entrar, pero en la cancha no hay mas lugar, no entra nadie. Quédense
en calma ya se están encargando de hacer un espacio. Las entradas
ya están viniendo y los micros una vez que se les de la orden,
están acá en dos minutos. Calma".
El portón de acceso a "Platea Preferencia" estaba cerrado.
Yo pugnaba, insistía y rogaba que nos dejen entrar con el resto
que habíamos quedado afuera y, con entradas en mano, desesperabamos
por tanto maltrato.
Entra en acción en ese momento Edgardo Alifraco, quién
recién llegaba, junto a un numeroso grupo de hinchas, proveniente
de un vuelo demorado vía Formosa y a quien quieren detener luego
de una seguidilla de discusiones.
El tiempo pasaba y el clima se enrarecía cada segundo más.
Una vez solucionado el problema de ese grupo, solicité al Comisario
Ojeda que me lleve
hasta el lugar donde se encontraba el resto. Como de costumbre, las
cosas parece que hay que pedirlas de mala manera para que reaccionen
y se den cuenta de cuales son las responsabilidades de cada uno.
Llegamos al Distrito militar en patrullero acompañados por un
colectivo que se utilizó para trasladar a la gente de la Agrupación.
De a uno fueron subiendo y se les fue entregando la entrada. Faltaban
20 minutos para que empezara el partido. El desborde fue total y así
se arrancó, con la capacidad superada. Los mas de 250 hinchas
que aún quedaban, entre ellos un sinnúmero de autos particulares
y combis llegadas desde Formosa, Chaco, Corrientes entre otras ciudades
(en definitiva, todo vehículo con patente argentina) que muy
pocas veces tienen la posibilidad de concurrir a un espectáculo
de tal envergadura, no entendían nada de lo que ocurría,
esperaban en vano, que alguien, un dirigente responsable los ayude a
salir de esa situación patética que debían tolerar.
El micro se detuvo frente al portón de ingreso, que se encontraba
cerrado y custodiado celosamente por el cuerpo de infantería.
De inmediato, los hinchas eran blanco fácil para que un grupo
de inadaptados embistieran furiosamente con piedras y botellas, destruyendo
completamente los vidrios.
Alifraco, en un gesto realmente admirable me ayudó a llevar adelante
tan difícil situación. No se permitía mas el ingreso
de público al estadio. Los gritos, las corridas y el miedo eran
dueños del escenario.
Enfrentando la situación sólo de a dos, finalmente se
logró, que de a cinco vayan ingresando. Ya se jugaba minutos
adicionales del primer tiempo.
La protección nunca existió, al bajar del micro no sabías
que te deparaba el destino. El destino que los dirigentes de Boca eligieron
para sus representados.
Muchos ingresaron cuando el segundo tiempo había comenzado. Otros
cuando iban 20 minutos. El resto, los mas desafortunados, ni se movieron
del campo donde los habían (a esta altura) "secuestrado".
De todas maneras, no se que fue peor si el remedio o la enfermedad.
Porque una vez ingresado, nos llevamos la sorpresa que no existía
un lugar designado para la parcialidad visitante. Había que compartir
las gradas con los locales, que además de insultar y provocar,
arrojaban desde lo mas alto botellas y demás objetos contundentes.
Al finalizar el partido, nos exigen despejar la zona, obligándonos
de esa manera salir al mismo tiempo que el resto de la multitud local.
Ante nuestra negativa y el posterior reagrupamiento, solicitamos que
el micro nos espere en la puerta y que, nos custodien para poder retirarnos
en orden.
La respuesta fue que: a los quince minutos nos apagaron todas las luces
del estadio y de su interior, teniendo que esperar una hora y media
a oscuras, sin saber que podría ocurrir.
Una hora y media, repito, esperamos hasta que se dignaron a mandar el
ómnibus (con sus vidrios destrozados) y poder retornar hacia
el Distrito Militar, donde los fieles hinchas de Boca esperaban que
un dirigente responsable se acuerde de ellos…
Ahora, yo me pregunto algunas cosas.
¿Quiénes eran los dirigentes designados, que viajaron
financiados por el Club, que deberían haber velado por que la
gente de Boca sea bien tratada y pueda acceder tranquilamente al estadio
?
¿Ningún dirigente se preguntó cuál era el
sector que debía ocupar la gente de Boca?
¿Qué dirigente se contactó con un par local para
consultar si la gente de Boca tendría garantizado su ingreso?
En la semana se sabía que ciento de hinchas viajarían
a Asunción para alentar al equipo ¿ningún dirigente
se dio cuenta en algún momento que los hinchas de Boca no habían
ingresado y podrían tener algún problema?
En el segundo tiempo se cantó, y todo el estadio escuchó
que había gente afuera y no podía entrar ¿qué
dirigente intentó solucionar tal problema?
Si, como algunos dicen, ciertos dirigentes bajaron en el entretiempo
(confundidos quizás por el cambio horario) preocupados por la
situación que estaban atravesando los hinchas (y vieron lo mismo
que nosotros vivimos), ¿cómo puede ser que nadie intentó
(aunque tarde valía la intención) proteger a los mismos
en la salida, temiendo nuevos incidentes?
*Nota: Quiero aclarar,
para dejar de lado toda sospecha injustificada de intencionalidad política
que la Agrupación Nuevo Boca no lucra con la organización
de estos viajes y que lleva una largo camino recorrido alentando a Boca:
Rosario, Santa Fé, Córdoba 98, Chile 2000, Morumbí
2000, Parque Antártica 2001, Río de Janeiro 2001, Japón
2000/2001, entre otros tantos.