Era el
último viaje al interior del país que quedaba en
el año y, por supuesto, nadie se lo quería perder.
El punto de encuentro, como no podía ser de otra
manera, fue en la “Bombonera” a las 8 hs. “para
todos”..... menos para “El Panadero”, que se
tomó el lujo de que lo esperemos hasta las 9.20 hs.. Obviamente,
el muchacho previendo que no iba a encontrar ninguna cara feliz,
trajo, para reivindicarse, una caja completa de facturas.
Ahora sí, con la delegación completa partimos hacia
Santa Fe para enfrentar a Colón. En el micro hubo algunas
diferencias con respecto a la música. Los primeros que
coparon la parada fueron “Los Redondos”, luego comenzaron
las quejas y se impuso la cumbia, pero los problemas continuaron
ya que a algunos no les gustaba ninguno de los dos estilos.
El otro inconveniente fue el tema del aire acondicionado: a la
muchachada que estaba ubicada en el fondo no le llegaba nada de
aire, lo que los puso un poco nerviosos y comenzaron a abrir todas
las ventanillas. Conclusión: el aire acondicionado no servía
de nada y aquellos que estábamos sentados adelante terminamos
empapados de transpiración.
Por último, hubo muchas quejas contra los choferes del
micro, se ve que era tanta la ansiedad por llegar a Santa Fe,
que la velocidad a la que íbamos no conformaba a los pasajeros,
y les recriminaban constantemente que vayan más rápido.
Para pasar el rato arriba del micro, hubo mucho mate, mucha charla
y ......mucho sueño, parecía que más de uno
le había pegado derecho desde el sábado a la noche
y aprovechó los casi 500 km para recuperar horas de descanso.
A las 12.30, en San Nicolás, hicimos la primer parada.
Nos quedamos cerca de media hora y emprendimos el viaje nuevamente.
Justamente, en el momento en que nos retirábamos, llegaron
los hinchas de Lanús que iban hacia Rosario para jugar
contra Newell’s. Por suerte no pasó nada, ya que
ambos micros pasaron desapercibidos.
Cuando faltaban alrededor de 110 km. se produce la segunda parada
del día. No era para comer, no era para descansar, ni siquiera
era un control, fue para ayudar a “Pepe” de Budge
que se le había quedado el auto. Una vez superado el inconveniente,
continuamos con el viaje.....pero no por muchos kilómetros,
ya que antes de ingresar a Santa Fe ( a tan sólo 15 km.)
nos detiene la policía para revisarnos, como siempre lo
hicieron de muy mala manera. Los nervios comenzaron a aparecer
rápidamente entre nosotros, debido a que ya eran más
de las 16 hs.(el partido era a las 18 hs) y seguíamos parados
en la ruta aguardando a que lleguen más micros para ser
custodiados todos juntos hasta el estadio.
Una vez reunidos varios colectivos, un patrullero nos llevó
(muy lentamente) hasta la entrada visitante. Llegamos alrededor
de las 17.00 hs. y a las 17.30 ya todos estabamos ubicados en
la popular. La ciudad nos esperó con una sensación
térmica de 39°.
Del partido, mejor ni hablar. Sólo rescatar el apoyo incondicional
del hincha de Boca que a pesar de la derrota alentó, como
ya es costumbre, hasta que finalizó el encuentro. Ni el
gol de Colón pudo hacer callar a todos los fanáticos
que coparon toda la popular, como si el equipo se encontrara en
la lo más alto de la tabla de posiciones.
La salida de la cancha fue bastante rápida, a las 20.30
hs. el micro ya había emprendido la vuelta hacia Buenos
Aires. Paradójicamente, todos se quejaban más por
el hambre y la sed que tenían, que por la derrota del equipo.
Por suerte apareció Sandra y repartió los últimos
sandwiches que quedaban en todo el micro y que aliviaron el estómago
a más de uno.
La tan ansiada parada llegó, fue a las 23.00 hs en el Parador
Fighiera. En ese lugar nos encontramos con los jugadores de Unión
que venían de perder 4 a 2 con las “Gallinas”.
Tuvieron tanta mala suerte que justo que llegamos nosotros estaban
dando en Fútbol de Primera, River-Unión, obviamente,
no faltaron el reproche y las gastadas hacia los jugadores “Tatengues”,
principalmente a su arquero.
Después de 30 minutos regresamos al micro para continuar
el viaje. Con la panza llena, la bronca por el partido perdido
había quedado en el olvido; por eso los únicos cantos
que se escucharon en el regreso a Buenos Aires, no eran ni contra
el técnico, ni contra los jugadores, eran todos gritos
de apoyo a los colores azul y oro que cada uno lleva en el corazón,
el hit: “ aunque ganes, aunque pierdas no me importa una
mier..., sigo siendo bostero porque a Boca lo quiero....”
contagió a todos los pasajeros, demostrando, como siempre,
que el amor por Boca va más allá de cualquier resultado.