Un
partido dificilísimo. De esos que duran mucho dentro de
uno mismo, por lo que significa, pero poco en el reloj. Llegar
fue una verdadera odisea, pues no conocía como llegar al
estadio y además había un conflicto con los trenes,
por lo que salí con mucha anticipación con un amigo
desde casa. Luego, la incertidumbre de no saber como llegar y
la desesperación porque cada vez faltaba menos para el
comienzo fueron desapareciendo. Una vez allí por la zona,
la “caravana xeneize” nos fue guiando.
Era un partido especial, el que perdiera se despedía casi
definitivamente de la lucha por el título. Fue emocionante.
El Chelo clavó un tiro libre impresionante que dejó
parado al abuelito Comizzo y a todo River. La euforia en la tribuna
era incontenible, más todavía porque para ese momento
(40 minutos) recién había podido entrar "La
12”, que desplegó un arsenal de banderas, sumado
a todo el “cotillón” que ya había en
la tribuna, creando así un espectáculo pocas veces
visto.
Por desgracia, o por suerte más bien, River llegó
al empate. Pero el contento les duró algo más de
20 minutos, porque otra vez el verdugo fue Delgado con un golazo
que el ya desaparecido arquero de River vio pasar como una bala.
El festejo final fue muy satisfactorio y emotivo a la vez. Satisfactorio
porque dejamos a las gallinas fuera de la pelea, y emotivo porque
a pesar de la lluvia torrencial nos quedamos media hora más
festejando en su cancha, y como dice el cantito “esta lluvia
de m.... no quiere parar, esta lluvia de m.... no quiere parar,
los de River que no paran de llorar”.