Fue
quizá el partido del año, el esperado por todos,
en el que cualquier hincha de Boca por menos fanático que
sea, quería presenciar. Era la "FINAL" de la
Copa Libertadores del 2001, y como no pasaba desde el ´78,
se definía en casa. Estábamos ahí de dar
la vuelta olímpica en nuestro Estadio y en consecuencia
volver a Tokio. Para mí en particular fue un partido de
48 hs. o como se dice en el fútbol, de “180 minutos”.
Esto debido a que había una enorme expectativa por el valioso
triunfo conseguido en el partido de ida, lo que hizo que la gente
se volcara masivamente a las boleterías días antes
del partido. Recuerdo que fue un día lunes el que falté
al colegio con unos amigos para estar ahí, a las 5 de la
mañana y había ya... 9 cuadras de cola!!!. Bueno,
finalmente, las boleterías se abrieron con demoras lo que
impacientó a la gente y también a la policía
que contenía las vallas. Luego de 6 horas puede llegar,
con algo de suerte, a la ventanilla, y 9 horas después
conseguí la entrada para el partido que tanto quería
ver. En ese momento no era socio, pero decidí rotundamente
que después de todo lo vivido ese día tenía
que serlo.
Llegó el día. Era un montón de gente. Nunca
vi tantas personas juntas para entrar a un estadio, quizás
porque llegamos medio sobre la hora y fue por ello que la impaciencia
era lo que abundaba entre la gente. Hubo inconvenientes, incidentes,
de todo para poder entrar, gente que no tenía entrada,
otros que se las robaban. Pero por suerte llegamos a la tribuna
cinco minutos antes del inicio. El estadio no daba a vasto. Desbordaba
en fuegos artificiales y banderas. El resultado de los 90 minutos,
lo conocen todos, fue negativo. Tuvimos que ir a penales lo que
trajo más incertidumbre al partido. Pero no se nos podía
escapar. Tuvimos un arquero gigante en el arco que atemorizaba
rivales y que nos terminó dando, junto al equipo, otra
alegría más, otra vez "Campeones de América"
y van...