Quisieron comer la galletita y arañaron el paquete
Cómo hacer para explicar lo que siento hoy, si es inexplicable desde que nací?
Antes de jugarse el primer partido, en cancha de Boca, yo ya contaba con una entrada para la revancha. Me levante temprano ese jueves y gracias a un carnet de un GAYINA prestado, tenia la posibilidad de conseguir una entradita para lo que se suponía iba a ser una "fiesta ajena". Llegue con mi mejor cara, me pare en la cola y a esperar que abra la ventanilla. Todos hablaban, ilusionados. Yo mudo hasta que a uno se le ocurre preguntarme "cuanto cuesta la cuota???... eeehhhh, mira, ehhh, creo, eeeehhh... no se, la paga mi viejo por debito.... En ese momento me cayo la ficha. Se me iba a ser muy difícil estar junto con 70.000 personas y con plumas....
La sensación después del triunfo con gol de Schiavi, nos dejo mas intranquilos que seguros. Era para meterles uno o dos goles mas, pero no se pudo. En el fondo todos confiábamos en nuestros 11 leones, pero siendo consientes de que iba a ser mas difícil de lo que suponíamos. Mas que nada por nuestros últimos malos desempeños. Ni bien termino ese partido empezó el karma... mi karma.
Si yo pudiera contabilizar todas las veces que dije y me desdije. Que iba, que no iba. A que hora entraba y cuando saldría. Que bufanda, que campera, que gorrito (remera descartada, mi piel la resiste). A la mañana iba. Por la tarde me arrepentía y a la noche me volvía a arrepentir. Insoportable estaba. Se habló tanto en tan poco tiempo que mi cabeza, mis nervios y mi corazón llegaron a un punto de ebullición imposible de soportar. Día a día, hora tras hora, minuto a minuto. Si aunque sea los hubiese anotado, ahora estaría entrando al libro Guinnes... pero esa seria otra historia.
Llegó el día. Por fin o por desgracia, pero llegó. Ya tenía casi todo armado o lo pensaba. Las ropas de camuflaje esperaban por mí. Pasaban las horas y esos enanos inquietos en mi vientre parecían que saltaban dentro mío. Ya era la hora... de que??? En cuanto me cruce un micro lleno de banderas y vi por la tele la previa, me pregunté: que voy a hacer yo ahí adentro? Me sentí muy bostero como para hacerme pasar por plumífero. No daba. Aparte pensaba: si les metemos un gol y no lo puedo gritar, como haría para sacarme todo esto que llevo dentro? Porque convengamos algo, cuando uno grita un gol se saca todo, pero todo lo que llevas adentro. La bronca, la impotencia, la amargura... todo se te va por unos instantes. Mas en un partido como estos...
Ya decidido, me calce la azul y oro y me dispuse a esperar que llegaran mis amigos. Que un pucho, que dos, que tres (las tabacaleras chochas). Vivimos el partido como lo que somos, un jugador más. Nada que hacer el Pato en el gol. Desahogo y grito eterno en el gol de Carlitos. Y la yapa ya la conocemos todos, no? Si algún día llegamos a evitar el sufrimiento, no tendríamos que festejar nada. Porque es así.... toda nuestra vida nos pasó y nos seguirá pasando. Por eso yo calculo que nuestros festejos no se comparan con nada. La alegría después del sufrimiento se disfruta doblemente. Justo Nasuti apareció. Nasu.. que??? Justo ese, no lo podíamos creer... y bue, es nuestro destino.
Ese mismo destino que quiso que volviéramos a los penales, que volviéramos a ganar y que volviéramos, una vez mas, a disputar una final entre los dos mejores equipos de América. Que no me vengan a hablar de celulares endiosados, ni de complots, ni de entornos, ni de publico hostil, ni de tres a cero (alguien sabe donde estará Ernancito Díaz?). Nos subestimaron. Se creyeron que haciéndose pasar por guapos, nos iban a ganar. Se olvidaron que jugaban contra el Campeón del Mundo? Que pase el que sigue....