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BOCA 4 – RIVER 0 (25/01/02)

Otro Superclásico de verano, otro capítulo nuevo que se abre, otra vez una goleada histórica y otra vez (opacando la noche) los incidentes. Fue un partido inolvidable. Por primera vez conocía el Mundialista que fue testigo de tantas victorias xeneizes. Era, el de Boca, un equipo integrado en su mayoría por juveniles y suplentes; jugaron algunos de los titulares de ese momento. Pero no importó, porque, como dice la famosa frase “los pingos se ven en la cancha”. Y vaya que fue así. En 15 minutos, Boca para sorpresa de muchos y desconcierto de otros, ya ganaba 3 a 0. Fue una aplanadora. La tribuna popular junto con la platea azul y oro estaban que deliraban de alegría. Alegría que luego fue desesperación. En el segundo tiempo Boca clavó el 4 a 0 histórico pero eso ya no importaba. Se jugaba un partido aparte: el de los barrabravas. Comenzaron a saltar hinchas de River hacia a la platea para robar banderas de nuestro equipo. Allí lo que viví y se vivió en ese momento fue espantoso. Familias enteras corrían para escaparle al vandalismo y a la “batalla campal” que se desató entre ambas parcialidades en el medio de la platea. La policía intervino tarde y cuando lo hizo comenzó a tirar gases. Obviamente el partido ya se había suspendido e intentábamos salir del estadio, pero no se nos permitía porque sencillamente “cerraron las puertas”. El clima de gases era asfixiante, hasta que se derribaron a la fuerza las vallas y pudimos salir con un par de amigos que me habían acompañado. Afuera continuó el horror, pero por suerte no nos pasó nada. Fue una noche amarga. Podría haber sido una fiesta completa, pero ya sabemos que cuando River pierde por goleada, “ellos mismos” deciden suspender el partido.

Alejandro Crespo
Socio nº 91.709

 

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