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Debe ser desde que nací o tal vez antes de ese día. Nadie nunca pudo entender el porque ni la razón, pero esto va mas allá de cualquier entendimiento...

Las imágenes son confusas, como todas las imágenes que se recuerdan de la niñez. Corría el año `81 cuando, con tan solo 6 años, le preguntaba ilusamente a mi abuelo si Boca había salido Campeón del Mundo. El me respondía que no, que solo era campeón de la Argentina y con Maradona. Habrá sido tal el festejo, que lo asociaba con lo poco que recordaba del mundial `78, por la fiesta...

La primera vez que pisé una cancha fue el Mundialista de Mar del Plata, en el año `82. Ya tenía un ídolo y era el 9, Gareca. Me acuerdo como si fuera hoy. Jugábamos contra los cuervos un torneo de verano. El partido era de noche, pero desde el mediodía me asomaba por el bacón a la espera (desesperada) de ver llegar el coche de mi tío, que era el encargado de llevarme. Lo vi por primera vez en vivo y fue una emoción enorme. Fue el comienzo de esta enfermedad...

No veía la hora de conocer La Bombonera. La mítica Bombonera, ese templo difícil de acceder por aquel tiempo para mí. No por la distancia, no tenía con quien ir. Era muy chico para mandarme solo. Me conformaba con escuchar los partidos por la radio, domingo a domingo, sin falta. Religiosamente mi abuela me recibía con su amor y con sus fideos caseros. Ni bien terminaba de comer, radio en mano, salía y me sentaba en el mismo umbral, de la misma cuadra. Me sentaba y esperaba.

Tuve la suerte de cruzarme en mi vida con el señor Cacho Arnosi, ídolo de la vida. Un día lo agarró a mi viejo y le dijo “de que cuadro es el pibe?”, de Boca le respondieron y sin dudarlo un segundo, agrego “pero entonces hay que llevarlo a la cancha”. Era imposible para mí contener todo lo que representaron esas simples palabras. Toda una vida esperando ese momento... una vida de 10 años.

Contra Banfield fue el bautismo. Compré un gorro, que todavía conservo, tipo boina. No era uno de los más lindos, pero era el primero que vi y lo compré. Recuerdo que Cacho -a esa altura ya era mi amigo del alma-, se empecinaba en recalcarme “mirá que en la cancha yo puteo... puteo mucho. No le digas nada a tu vieja, eh?”. Palabra santa para mí. Cualquier cosa que él dijera o hiciera quedaría ahí. Con el paso del tiempo él seria como un segundo padre para mí y yo como uno más de sus hijos, portador también de esta enfermedad llamada Boca.

Eran tiempos no tan buenos los que vivíamos. Ganábamos las dos primeras fechas, nos ilusionábamos una vez más y después, a la larga, nos caíamos. La Supercopa del ´89 fue algo de brillo entre tanta oscuridad. Para ese entonces iba a la cancha muy de vez en cuando. A veces con Cacho, otras cuando mi viejo accedía después de tanto suplicio.

En el `91 me hice socio. Mi tía era “gashina” y se empezó a dar cuenta que mi enfermedad era cada vez mas grave. Su propuesta fue la siguiente “hacete socio que yo te pago las cuotas, te parece?”. Como no me iba a parecer, si era lo que más deseaba en el mundo. Pertenecer. Ser parte de mi pasión. Con 16 años no podía juntar la plata para el pago de la cuota, por eso fue que acepte su propuesta sin titubeos.

Así las cosas, con el carnet en mi bolsillo y sin la necesidad de esperar que alguien me lleve, me largue solo. Al principio iba a los partidos de local y con el tiempo le empecé a tomar el gustito de ir de visitante. Del campeonato del `92 me perdí pocos partidos y fue mi primera vuelta olímpica en la que estuve presente. Como olvidarlo... si es el día de hoy que me acuerdo como latía la bombonera contra San Martín de Tucumán.

Para la época en que volvió D10S (no hace falta aclarar de quien hablo), ya era una costumbre ir a todos lados. Trabajaba y me podía mantener mis vicios y mis pasiones. Reconozco que ver a Maradona en una cancha fue algo incomparable. Nada ni nadie podrá quitarme de mi mente y de mi corazón lo que sentí por esos días. Con solo verlo a él jugar alcanzaba...

Con mis ansias de participar aun más por la causa, me asocie a la Agrupación Nuevo Boca. No fue casualidad, sino el destino. Un día de esos, mi amigo Licky me invito a una reunión -una de las primeras- que se hacia en el club GEVP. En mi barrio, a una cuadra de casa y encima de Boca. Imposible faltar. El destino o tal vez un buen presagio. Desde ese momento todo cambio. Al poco tiempo vino Bianchi!!! Acomodó, ordenó el descontrol y nos llevó a lo más alto que ni el mas iluso se atrevió a imaginar.

Con él vivimos lo mejor de lo mejor. Gracias a él nos sentimos invencibles, indestructibles e inmortales. Viajamos, gozamos, disfrutamos. Nos llenamos de copas y de campeonatos. Tuve la suerte de ir a las dos finales en Brasil y a dos finales en Japón. Tuve la suerte, también, de vivir lo impensado. De haber concretado los sueños que se empezaron a forjar cuando yo solo tenía 6 años y le preguntaba ilusamente a mi abuelosi Boca había salido campeón del mundo.

Hoy sigo yendo a donde Boca vaya. Con mis amigos de la vida. Con Corcho, con Pelu, con el Chino ycon Guillo. Junto a ellos compartí mi adolescencia, llantos, risas, campeonatos, viajes, alegrías y tristezas. Sin ellos no seria un domingo igual, no seria lo mismo. Con ellos comparto esta enfermedad. Rara. Indescriptible. Incurable.

Debe ser desde que nací o tal vez antes de ese día que me contagie. Por suerte para mí, voy a seguir enfermo hasta el día en que muera. Hoy Boca cumplió cien años. Mis colores del alma cumplen años. Mi pasión esta de fiesta!!! Feliz Cumpleaños Amado Boca!!!

Toda una vida amándote...

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